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Comunión: el recuerdo que parece religioso… pero en el fondo es mucho más

¿Qué quiere guardar realmente una familia cuando hace una sesión de comunión?

Cuando una familia contrata una sesión de comunión, muchas veces parece que la respuesta es clara:

✔️ el traje o el vestido,
✔️ el recuerdo del día,
✔️ el momento religioso,
✔️ la declaración de fe.

Y todo eso es importante.
De verdad lo es.

Pero desde mi experiencia, después de tantos años fotografiando comuniones, creo que en el fondo hay algo más profundo que casi nunca se dice en voz alta.

👉 Las familias quieren guardar cómo es su hijo o su hija en este momento exacto de su vida.

Porque esta edad no vuelve (y se va sin avisar)

La comunión llega en una edad muy concreta.
Esa edad tan especial en la que:

  • todavía son niños,
  • pero ya no lo son del todo,
  • empiezan a cambiar sin que nadie se dé cuenta.

Es una etapa preciosa y muy corta.

Y lo curioso es que no nos damos cuenta de lo rápido que pasa…
hasta que ya ha pasado.

Cierras los ojos.
Los vuelves a abrir.
Y ya son adolescentes.

El traje es importante… pero no es lo más importante

El traje o el vestido de comunión tiene su valor.
Representa un momento, una tradición, una vivencia importante para muchas familias.

Pero cuando pasan los años y se vuelven a mirar esas fotos, casi nunca se piensa:

“Qué traje tan bonito llevaba.”

Se piensa:

“Mira qué cara tenía.”
“Ahí todavía era un niño.”
“Qué rápido creció.”

Y ahí es cuando entiendes que la foto no era solo por la comunión.

Era por la edad.
Por el momento vital.
Por esa última versión infantil antes del cambio.

¿Y si no hay comunión?

Aquí viene algo que para mí es clave decirlo con claridad.

Haya comunión o no, esta etapa merece ser fotografiada.

Porque lo importante no es el sacramento en sí.
Es el punto en el que están.

He hecho sesiones preciosas de niños de esta edad sin comunión, y el valor del recuerdo es exactamente el mismo.

Porque el recuerdo no habla de religión.
Habla de quiénes eran.

A partir de aquí… empieza otra etapa

Después de esta edad llega algo que todos conocemos:

  • menos ganas de fotos,
  • más vergüenza,
  • más “déjame”,
  • más “ya no quiero”.

Llega la adolescencia.
Y con ella, las prisas.

Por eso esta sesión es tan importante.

Porque es la última vez que todavía se dejan.
La última vez que todavía son niños sin saberlo.

Mi forma de ver estas sesiones

Cuando fotografío una sesión de comunión —o una sesión de esta edad sin comunión— no busco solo que estén guapos.

Busco guardar:

  • cómo miraban,
  • cómo se colocaban,
  • cómo eran justo antes de cambiar.

No busco adultos pequeños.
Busco niños en su último momento de infancia.

Porque dentro de unos años, esas fotos no se mirarán por el traje.
Se mirarán por la emoción.

Mi opinión, desde dentro

Después de ver pasar tantas comuniones por delante de mi cámara, lo tengo claro:

👉 La comunión es importante.
👉 Pero la edad lo es aún más.

Por eso, haya comunión o no, una sesión de fotos en este momento es un regalo.

Un regalo para el futuro.
Para cuando mires atrás y digas:

“Ahí todavía era mi niño.”

Si estás pensando en una sesión de comunión o en una sesión de esta edad sin celebración, puedes escribirme desde contacto y lo hablamos con calma.

Porque este momento no se repite.
Y pasa mucho más rápido de lo que creemos.

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